domingo, abril 15, 2012

Un día tenía que pasar. Ya soy un hombre nuevo.

No creía en la zoología fantástica, ni en la criptozoología o ciencias similares. Siempre me pareció que esas palabras encerraban fraudes, y que eran aficiones propias de hombres mediocres y embaucadores. A lo mucho solía considerar estas dos áreas como temas literarios de poca relevancia que en algún momento fueron  abordados por escritores tan insignificantes como Jorge Luis Borges; según yo, ese ciego  había perdido el tiempo con fuentes demasiado literarias y poco científicas, o simplemente me parecían temas muy populares entre personas de bajo criterio, temas que no eran dignos de ser considerados más allá de los parámetros que limitan a cosas tan pequeñas como la  literatura fantástica y las seudociencias. De hecho, alguna vez declaré en una conferencia:  "No existe frontera que separe a la literatura fantástica de las seudociencias".

Pero mi vida cambió, ahora creo en la zoología fantástica y en la criptozoología con la fe que un pescador cree en la mar. Hermanos, les comparto mi testimonio.

Ustedes saben que está plasmado en las escrituras Aquel que tenga oídos/ que compre gafas negras./ Todo el que tenga ojos/ que compre un par de audífonos. Así que cada uno y con la responsabilidad  del destino de su propia alma, tiene el libre albedrío para pensar lo que quiera sobre mi testimonio. 

Durante la última Pascua vi de entre las nubes a un hombre que descendía de los cielos, y descendía y en su rostro se reflejaba una luz como el brillo del oro. Descendía y su sonrisa era como las primeras flores de la primavera. Descendía, y el cielo se acercaba en su presencia. Descendía, y descendía con un paracaídas que vale 587 denarios; digo el precio del paracaídas para que los adultos me crean que es cierto lo que digo. Un adulto nunca creería en mi testimonio si yo dijera "descendía en un paracaídas del color del alba". Y descendía y cuando estuvo ya en la tierra, montó un burrocornio  más blanco que la nieve, y tan fuerte como la fuerza de mil cadenas del hierro que ningún calor puede conmover. El burrocornio se formó de un pedazo de nube que cayó del cielo en el mismo momento que descendió aquel hombre. Pero el hombre que descendió del cielo  fue acusado como no se acusa ni al que traiciona a su rey o a su señor, y los suyos le azotaron, y el hombre que descendió de los cielos  fue acusado de traer descuentos en llamadas a larga distancia, y los suyos le azotaron, y el  hombre con el cual descendió el cielo habló contra la censura en descargas gratuitas, y los suyos  lo azotaron hasta que dejó de respirar.

El hombre que vino de los cielos, dejó su burrocornio parqueado frente a mi casa, y antes de hablar a los suyos-y antes de ser azotado obviamente- se dirigió a mí con la fuerza de mil truenos y dijo: " A los míos vine, y está escrito que los míos serán sordos y en verdad te digo que no acontecerá de forma distinta" y yo le respondí:  " Maestro, sé que eres al que esperamos, cómo  puedo servirte a ti y a tu reino? Me vio,  y todavía tiemblo al recordar la autoridad con la que dijo: " Te encargo a mi burrocornio, dale comida siete veces cada día y al séptimo día báñalo y espúlgalo. Al séptimo mes, líbralo de parásitos. Cuida bien los menesteres del burrocornio y todo cuanto hagas, hazlo con alegría y  obediencia que  todo esfuerzo  te será multiplicado por siete veces. Pero al séptimo año ofrécelo en holocausto".

Y es así hermanos, y es desde entonces que tengo un burrocornio y lo alimento con concentrado para gatos siete veces cada día, y lo baño  y lo  libro de pulgas cada séptimo día, y lo libro de parásitos cada séptimo mes. Y es así y tiemblo hermanos, porque este en curso es ya el sexto año, y aún no sé si tendré la obediencia para cumplir con la voluntad del hombre que descendió de los cielos.

3 comentarios:

Erika Ch. Salinas dijo...

burrocornio? eso si q esta fumado
yo nunca he visto alguno, hizo falta la foto :/

Santiago Vásquez dijo...

:)

Minerva Jerez dijo...

jajajajajajaja