miércoles, diciembre 18, 2013

Algo muy personal, de eso que uno escribe y queda.


Daños colaterales de un eterno retorno

Mañana moriremos mientras mueren
mariposas. Mejor mientras me muero,
marchita mis memorias. Moriremos
mujer, mañana martes moriremos.
Marchémonos mañana  martes. ¡Mírame!,
morirán mis moléculas  mañana,
mañana martes . Mientras mis  muñecas
mueren, morirán mis mentiras. Marta
morirá mientras muero, mientras mueren
mañana martes: Mónica, Melliza.
Me mostrarás mis muertes, mariposa,
mis muertos, mariposa.  Mis muñecas
morirán mientras  mato mis moléculas
mirándote, mujer, mañana miércoles.

viernes, noviembre 29, 2013

Poema de Muin Basisu

YO, TÚ, ÉL 
En su vocabulario no había árboles
ni flores...
En su vocabulario no había pájaros.
Sólo sabía lo que le habían enseñado:
matar a los pájaros,
y mató a los pájaros,
odiar a la luna,
y odió a la luna,
tener un corazón de piedra,
y tuvo un corazón de piedra,
a gritar: “¡Viva lo que sea!”
“¡Abajo lo que sea!”
“¡Muera lo que sea!”.
 
En su vocabulario no había árboles,
en su vocabulario no había
tú ni yo
porque él debía matarnos
a ti y a mí.
Sólo sabía lo que
le habían enseñado:
matarte a ti y matarme a mí.

lunes, mayo 27, 2013

Fijación de la costumbre, poemario de Vilma Osorio


Costumbre: es  un hábito adquirido  por la práctica frecuente de un acto. 

Fijación: es el Estado de reposo de una sustancia después de agitada por una operación química.

El nombre del libro sugiere establecimiento, o estabilización. La lectura de esta unidad sugiere el inicio de un recuerdo que está en proceso de volverse recurrente, de volverse cíclico, de volverse costumbre. Y esa fijación va referida a un estado que debe denotarse con la palabra olvido. 

Fijación de la costumbre es un libro en el que se aborda un proceso hacia la fundación del olvido.  Una lucha entre el olvido que se necesita  con el olvido que a la vez no se quiere alcanzar, y eso es un miedo característico de seres gregarios, un miedo natural a estar solo o  a sólo estar acompañado por un recuerdo que no ofrece ninguna alternativa hacia el futuro.
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En una buena novela, la última línea del libro debe resolver  a  la primera manteniendo una unidad  y correspondencia tal y como ocurre en la música donde la generalidad establece que se termina con la misma nota que se inició.  En el libro esto se hace con ideas, con situaciones y hechos que se corresponden para generar un efecto  de resolución similar al que se logra en música.  En Fijación de la costumbre, Vilma Osorio logra con maestría este efecto,  y lo hace de una forma muy condescendiente hacia Shinobu, el personaje de su poemario, pues en el primer poema la autora le ordena Levántate/Es tarde. Despierta  y lo hace con una fuerza que evoca cuando  David se dirige a Salomón en 1 reyes 2:2. Sin embargo al final, luego de haber viajado a lo largo del poemario, la autora le dice: Está bien, Shinobu./Sigue durmiendo.  En el libro se desarrolla una transición de la amonestación al consentimiento de una forma gradual y modulada. El personaje convence al autor, y también a los que podemos ser espectadores.

El poeta es un pequeño Dios, lo dijo  Vicente Huidobro. Vilma entiende muy bien eso en este libro y según su propia fe, pues logró conmoverse y respetar el albedrio de su personaje pasando de la orden al consentimiento mediante todo lo que está en medio del  primer verso y el último verso de Fijación de la costumbre.

Me encanta etiquetar cada libro que leo con palabras que le dan cadencia tanto en ritmo como en temática, y para mí las palabras en este libro son :  médulas, cuervos, olvido que más bien corresponden a la cadencia central.  Sin embargo me enloquece la fuerza de estos versos del primer poema: Escupe el tiempo/desprecia el miedo. Esas sentencias contra el tiempo encierran un conflicto muy humano: la fundación del olvido.  Shinobu, al igual que cualquiera piensa la palabra tiempo con las limitantes propias de nuestro idioma. Sería mejor pensar en  la palabra tiempo pero en griego,  en griego, es posible referirse a tiempo mediante dos conceptos: Kairós y Krónos.  Kairós, se refiere a un lapso preciso para que algo acontezca, un lapso que no  está subordinado a días y horas, es tiempo determinado por situaciones y características. Krónos, está referido a un tiempo cuantificable,  un tiempo al que el hombre está esclavizado por días y horas. 

Entre el adiós y el olvido hay un lapso, eso es indiscutible, pero este no se puede medir. No hay fórmula para olvidar, no se olvida en 19 días y 500 noches, no hay una medida que pueda designarse para decir cuánto tiempo se necesita para olvidar, no hay un Krónos, no hay un tiempo cuantificable para alcanzar el olvido. Pero entre el adiós y el olvido sí hay un Kairós , un lapso, un tiempo oportuno para que algunos recuerdos dejen de ser recurrentes, o al menos para que ya no  signifiquen lo mismo. Después de todo, el olvido es un algo que perseguimos y  un algo del que a la vez nos escondemos.  Esa negación y afirmación del olvido deja heridas y cicatrices, y de éstas trata Fijación de la costumbre. 

En cuanto a estilo, la palabra precisión es la que mejor describe la forma en que Vilma Osorio compacta cada verso. En cuanto a  registro, la voz de Vilma tiene un sello contemplativo propio y característico de los orientales. Jorge Luis Borges logró tomar este sello en su serie 15 monedas logrando lo contemplativo de los orientales con un contenido cargado de los conflictos intelectuales  que tanto fascinaron a Borges. Alejandra Pizarnik, lo hace con muchos epigramas con  esos aires de existencialismos tan propios de ella; pero Vilma toma ese sello contemplativo para retratar ese limbo que existe entre el adiós y el olvido. 

Al inicio de la unidad, uno ve en Shinobu a un ser postrado que se ahoga en un vaso de agua, pero mientras uno viaja con él  hasta el final,  descubre que hay un océano contenido en ese vaso de agua.  Uno descubre- como quizás lo habría dicho Roberto Lainez- que existe la Tempestad en un vaso y que ahí es donde se ha sumergido Shinobu; que  Shinobu transita en ese limbo que existe entre el adiós y el olvido.

Ningún poema está por casualidad en Fijación de la costumbre, y en cada uno se siente que la autora conoce el peso exacto de cada palabra, ninguna sola está de más, ninguna está de relleno, ninguna sobra ni en ritmo ni en concepto.  Es el primer libro de Vilma Osorio, sin embargo no se trata de un libro de principiante.

lunes, abril 08, 2013

Hacerse hombre matando un candidato a la presidencia



Mamá siempre me dijo que para  volverse  hombre uno debía matar un hombre, quemar un libro  y deforestar un bosque. Ya he hecho dos de esas cosas, y estoy ante la oportunidad de hacer la tercera.  Lo primero que hice fue quemar un libro, lo segundo fue deforestar varios bosques y pues sigo en pie de lucha y con un futuro difícil pero necesario.

El Asunto es que inicié mi camino hacia la masculinidad quemando una copia del libro de Alberto Sánchez titulado "La Cornoide”. Un libro lleno de herejías, y dicen los muy herejes que gustan de estas cosas, que quizás es el aporte más grande que un matemático centroamericano ha hecho en los últimos 200 años a la más exacta de las ciencias. Pero el triunfo y el virtuosismo de la  acción no radica en repetir esa práctica monótona de quemar un libro, eso es fácil y los papas son expertos con los que no estaría en condiciones de competir si se trata de quemar libros. El virtuosismo de mi acción, es que hasta donde sé era la única copia que quedaba  de La Cornoide y pues así di mi primer paso para ser hombre macho masculino.

Mi segundo paso hacia la hombría, fue escribiendo un libro de superación personal que se llama “ El Camino hacia el éxito está a un paso de distancia”. Es un best seller desde la primera semana de lanzamiento, y  se estima que dentro de una edición ya se habrán talado el equivalente a 5870 campos de football americano para sostener el tiraje de este libro. Hice lo de deforestar el bosque, pero necesitaba creatividad para consumar  mi segundo paso,  debía hacerlo y lo hice sin lastimar mis manos de señorita.  No hay duda que sí supe  cómo dar  mi segundo paso para volverme un hombre macho masculino, uno tan macho como  uno de los hombres con los que se acostaba mi abuela, como esos con los que se acuesta mi mamá, la perra de mi primo y  yo. Mi primo no es que sea una perra por cambiar de marido a cada rato, es que mi primo tiene una perrita, una pastor alemán que ha tenido tres partos y nunca ha repetido novio pero eso es otro asunto. Mi primo es un hombre muy heterosexual, y sólo porque el incesto es pecado no pruebo con ese hombre macho masculino, aunque la verdad es que primos se arriman y con un par de tragos adentro a lo mejor se anima, pero eso es otro asunto.

Mi tercera tarea a cumplir, para demostrarle a mi mamá que no soy una señorita sólo por amanecer día a día con el mismo hombre, esa tarea  sí está un poco complicada.

Me ponen muy nervioso los medios de comunicación, las cámaras, las entrevistas, las investigaciones  y todo lo relacionado con la farándula. El problema es que  ya se descubrió mi misión y pues no sé qué hacer; pero de lo que estoy seguro es que no puedo fallar ante la epifanía que experimenté el domingo de resurrección.  No debo rendirme aunque el riesgo sea muy grande porque mi misión ha trascendido como noticia internacional.

La epifanía

Luego de orar en la cima de Tecana Mountain,  mientras yo continuaba postrado al pie de la cruz que desde ese lugar ilumina toda la ciudad; un pajarito se me acercó volando, y dijo:

-Santiago, no seas piricuaco . No desmayes, levántate y sé valiente. Te entregaré este pasaporte venezolano, esta pistola y esta fotografía. Tú sabes lo que debes hacer hijo mío.

El pajarito también me advirtió que mi víctima había sido prevenida por otro pajarito,  y la verdad es que tengo que hacerle frente al asunto. Lo complicado es que lo servicios de inteligencia están alerta sobre la conspiración de la que debo ser protagonista anónimo, pero tengo que hacerlo, debo hacerlo, o de lo contrario, nuca seré hombre macho masculino como mamá siempre quiso.

martes, marzo 05, 2013

The life of Pi: Dualismo y otras divagaciones

"Poco se necesita conocerme
 para saber que tengo una fijación 
crónica con lo dual"

Un ordenador


Unos y ceros
De boca de un pastor muy confiable supe de la película The Life of Pi. Me invitó a verla  en el cine, no sé si con cuentas separadas o con cuenta común a mi cargo o qué; lo cierto es que no pude asistir. Sé que esa película  ganó algún premio importante, algunas nominaciones escandalosas y  todo ese tipo de palmarés que en no pocas ocasiones hacen de una película un algo digno de desconfianza. Hoy comprobé que es buena, y no sólo es buena, es buenísima  y tan buenísima que no existen superlativos como para decir lo buena que es; entendí porqué el pastor me insistió-aún más- que la viera luego de que no lo acompañé al cine.

Me duelen las ganas de  no poder pasarle una copia-pirata- a Álvaro Menen Desleal y a René Magritte; me duelen las ganas de no poder ir al cine a verla con al menos uno de ellos. Con Álvaro, porque al igual que Luz Negra, The Life of Pi tiene un escenario fijo en el que la mayoría del tiempo interactúan dos personajes muy antagónicos con poca o ninguna compañía, y con Magritte me gustaría verla porque los efectos y elaboración de las escenas me recuerdan su paleta, sus composiciones, su temática y esas cosas  de las que no sé pero que disfruto al ver cómo las trata a lo largo de sus obras, y particularmente en el Imperio de Las Luces. No debo argumentar sobre la maestría de Magritte con los temas duales, sus dibujitos se defienden por sí mismos.

Unos y ceros; día noche;
Es bello ver  cuando  el cielo y el mar se vuelven uno solo. Ambos, junto al sol y la luna forman  las primeras unidades  duales que el hombre pudo relacionar desde antes la antigüedad. Si alguno no entiende a lo que me refiero con lo de que el mar y el cielo se vuelven uno solo pues debe ver la película, y si a alguno le parece imposible debe matar las neuronas en las que almacenó aquel bolero que dice:

“El mar y el cielo
se ven igual de azules
y en la distancia
parece que se unen.

Mejor es que recuerdes
que el cielo es siempre cielo,
que nunca, nunca, nunca
el mar lo alcanzará”.


Cantarle este bolero a Pi, sería absurdo. Para él no fue en la distancia, para él fue estando al centro. Incluso sería más puntual  decirle:

El cielo 
se para frente a un espejo 
y ve el mar.

El mar 
se para frente a un espejo 
y ve el cielo.
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Ya regresando de las divagaciones a otras divagaciones, la verdad es que esa trama de un carnívoro y un vegetariano en una balsa es sorprendente. Me parece muy enferma la mente que pudo ingeniarse  y trabajar semejante historia de un Tigre y un Hombre-niño- en una balsa. De forma humilde y con todo mi respeto debo decir que me parece una mente muy hija de puta, muy al nivel de Pitágoras, Beethoven y El Mágico González. Esa trama de Pi parece como sacada de uno de esos juegos  de lógica, muy al estilo de ese acertijo tan común:

“Un pastor tiene que pasar un lobo, una cabra y una lechuga a la otra orilla de un río, dispone de una barca en la que solo caben él y una de las otras tres cosas. Si el lobo se queda solo con la cabra se la come, si la cabra se queda sola con la lechuga se la come. ¿Cómo debe hacerlo? "

 Hacerle este acertijo a Pi, sería hasta una falta de respeto, a él le toco más cabrón y  aparte tuvo que entenderse con una isla carnívora. 

Unos y ceros; día, noche; hombre, tigre.
A uno le agradan las cosas que le hacen -re-vivir las sensaciones más bonitas que ha almacenado, y obviamente con la película también recordé a El Principito. Sentí tal y como siento al leer ese librito tan bello.

El Principito tuvo que salir de su asteroide y coincidir en el desierto del Sahara con un aviador que había naufragado.  Ambos tuvieron que convivir y son  muy duales al igual que el tigre y Pi. Tanto en la película como en el libro de Saint-Exupéry, los protagonistas representan dos polos de una misma personalidad; si no concilian, sino pactan el tigre y el niño,  si no concilian el aviador y el niño, si no hacen que lo antagónico se vuelva complemento es inevitable la muerte de ambos.

En el final de ambas historias,  uno de los dos personajes desaparece y el otro queda triste. Puede parecer ingenuo y metafísico, pero en realidad no desaparece ningún personaje, sólo se integran en uno mismo, solo hay uno que vuelve a  donde pertenece, y ese lugar es una parte muy abstracta del otro.
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Es un lugar muy común  eso de que  llevamos un niño dentro, que tenemos  a nuestro propio enemigo adentro, que tenemos un demonio dentro y etc, pero lo común no quita la veracidad al menos en este caso. A lo mejor hay algo así como un tigre o un aviador con el que cada uno debe convivir e integrar. ¿Hay diferencias entre el tigre y el aviador? Las hay y no sólo en la realidad  de la película sino también en lo que simbolizan cada uno en su  respectiva historia, sin embargo y en este momento eso no importa.    

Unos y ceros; día, noche;hombre, tigre. Yo y yo.
El desierto y la balsa obviamente representan soledad, y en soledad es que uno debe convivir únicamente con uno mismo; uno debe convivir con el otro yo,  y eso no es fácil pero tampoco es imposible.  Uno debe convivir con un aviador, o debe convivir con un tigre; en fin con alguien  se debe convivir independientemente de cómo cada uno quiera nombrarle: inconciente, tigre, niño,  etc.

Me encanta pensar en un manual para gente que naufraga como el que tenía Pi, eso sí, no estoy insinuando que me gustan  esos libros-manuales- para lograr éxito. No se necesita ser un genio como Pi para saber que muchas de las cosas que a él le funcionaron en la balsa pueden funcionarle a uno en la vida para sobrevivir.  En Santiago 1:8 está escrito:

“El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos”

Y a ese doble ánimo se le puede llamar bipolaridad, pero independientemente de si se le categoriza o no, es muy fácil darse cuenta que ese doble ánimo es consecuencia de que no se ha integrado el  tigre con el niño y por consiguiente la balsa es un desorden porque prevalece y resalta sólo una de las dos partes de la personalidad en conflicto. Es inevitable a esta altura no recordar lo que dice Mark Twain al respecto:

"Todo hombre es como la Luna: tiene una cara oscura que a nadie enseña".

No se equivocó el humanista con tremenda sentencia; eso sí, no hay que perder de vista que ambas caras son necesarias, no pueden existir la una sin la otra, y ambas caras no invitan a pensar en dos personalidades, sino más bien en dos caras de una misma personalidad, dos caras de una misma moneda como se dice de forma habitual. Sin embargo hay que saber cuándo deben prevalecer características de cada una de estas caras, y no se trata de hipocresía, se trata de construir una sola  cara con elementos de ambas pues somos hiperbóreos y tenemos esa capacidad que sólo puede ser alcanzada con una guerra difícil, la más difícil de todas; esa guerra que es contra uno  y que solo se gana de una manera, que solo se gana como lo señalaba Miguel Serrano:

“La resurrección se logra en una lucha a muerte con uno mismo”.

A mi juicio, esa lucha la ganó el Aviador y la ganó Pi; pero no la perdió ni El Principito y el tigre; estos últimos solo salieron para decir existimos y regresaron ya luego de demostrarle a la parte conciente dónde están, cómo funcionan. Es decir que se impusieron en algún momento para luego someterse y seguir siendo  eso que nombran inconsiente. En ambas historias, lo más rescatable del subconsciente-o de la personalidad atrapada  y oculta- se integra al consiente para la  resurrección del hombre.

The history of Pi y El Principito son ambas, una  misma metáfora de la personalidad, una metáfora en la que al final desaparece  el plano imaginario  representado por EL tigre y  por EL Principito; y desaparece para integrarse o resucitar en el plano real que corresponde a El Aviador y a Pi respectivamente.  Siendo más sobrio resumo esto con palabras de Friedrich von Logau:

“La guerra más difícil consiste en combatir contra uno mismo”.

The Life of Pi  me dejó muy traumado, me causó envidia y admiración hacia  el escritor de la novela y hacia el equipo de producción de la película

Esta película me dejó muy traumado, me causó envidia y admiración hacia  el escritor  de la novela y hacia el equipo de producción  de la película. Quedé traumado a tal grado que ahora no puedo evitar ver al cielo, ver las estrellas y pensar que son peces brillando en un océano, y  disfruto tanto recordar de esa manera, que puedo jurar que eso lo vi durante mi infancia mientras yo caminaba de madrugada por el mar. Yo recuerdo esa escena  en la que el cielo y el mar se unen de noche no como una escena de la película;  recuerdo esa escena como  si fueran momentos propios y no momentos de un film. Con mi otro yo, imagino al mar  frente al espejo con la misma sorpresa de cuando Alicia vio a través del espejo.

Unos y ceros; día, noche; hombre, tigre. Yo y yo.  Como sea, tengo una fijación crónica con lo dual.