lunes, mayo 27, 2013

Fijación de la costumbre, poemario de Vilma Osorio


Costumbre: es  un hábito adquirido  por la práctica frecuente de un acto. 

Fijación: es el Estado de reposo de una sustancia después de agitada por una operación química.

El nombre del libro sugiere establecimiento, o estabilización. La lectura de esta unidad sugiere el inicio de un recuerdo que está en proceso de volverse recurrente, de volverse cíclico, de volverse costumbre. Y esa fijación va referida a un estado que debe denotarse con la palabra olvido. 

Fijación de la costumbre es un libro en el que se aborda un proceso hacia la fundación del olvido.  Una lucha entre el olvido que se necesita  con el olvido que a la vez no se quiere alcanzar, y eso es un miedo característico de seres gregarios, un miedo natural a estar solo o  a sólo estar acompañado por un recuerdo que no ofrece ninguna alternativa hacia el futuro.
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En una buena novela, la última línea del libro debe resolver  a  la primera manteniendo una unidad  y correspondencia tal y como ocurre en la música donde la generalidad establece que se termina con la misma nota que se inició.  En el libro esto se hace con ideas, con situaciones y hechos que se corresponden para generar un efecto  de resolución similar al que se logra en música.  En Fijación de la costumbre, Vilma Osorio logra con maestría este efecto,  y lo hace de una forma muy condescendiente hacia Shinobu, el personaje de su poemario, pues en el primer poema la autora le ordena Levántate/Es tarde. Despierta  y lo hace con una fuerza que evoca cuando  David se dirige a Salomón en 1 reyes 2:2. Sin embargo al final, luego de haber viajado a lo largo del poemario, la autora le dice: Está bien, Shinobu./Sigue durmiendo.  En el libro se desarrolla una transición de la amonestación al consentimiento de una forma gradual y modulada. El personaje convence al autor, y también a los que podemos ser espectadores.

El poeta es un pequeño Dios, lo dijo  Vicente Huidobro. Vilma entiende muy bien eso en este libro y según su propia fe, pues logró conmoverse y respetar el albedrio de su personaje pasando de la orden al consentimiento mediante todo lo que está en medio del  primer verso y el último verso de Fijación de la costumbre.

Me encanta etiquetar cada libro que leo con palabras que le dan cadencia tanto en ritmo como en temática, y para mí las palabras en este libro son :  médulas, cuervos, olvido que más bien corresponden a la cadencia central.  Sin embargo me enloquece la fuerza de estos versos del primer poema: Escupe el tiempo/desprecia el miedo. Esas sentencias contra el tiempo encierran un conflicto muy humano: la fundación del olvido.  Shinobu, al igual que cualquiera piensa la palabra tiempo con las limitantes propias de nuestro idioma. Sería mejor pensar en  la palabra tiempo pero en griego,  en griego, es posible referirse a tiempo mediante dos conceptos: Kairós y Krónos.  Kairós, se refiere a un lapso preciso para que algo acontezca, un lapso que no  está subordinado a días y horas, es tiempo determinado por situaciones y características. Krónos, está referido a un tiempo cuantificable,  un tiempo al que el hombre está esclavizado por días y horas. 

Entre el adiós y el olvido hay un lapso, eso es indiscutible, pero este no se puede medir. No hay fórmula para olvidar, no se olvida en 19 días y 500 noches, no hay una medida que pueda designarse para decir cuánto tiempo se necesita para olvidar, no hay un Krónos, no hay un tiempo cuantificable para alcanzar el olvido. Pero entre el adiós y el olvido sí hay un Kairós , un lapso, un tiempo oportuno para que algunos recuerdos dejen de ser recurrentes, o al menos para que ya no  signifiquen lo mismo. Después de todo, el olvido es un algo que perseguimos y  un algo del que a la vez nos escondemos.  Esa negación y afirmación del olvido deja heridas y cicatrices, y de éstas trata Fijación de la costumbre. 

En cuanto a estilo, la palabra precisión es la que mejor describe la forma en que Vilma Osorio compacta cada verso. En cuanto a  registro, la voz de Vilma tiene un sello contemplativo propio y característico de los orientales. Jorge Luis Borges logró tomar este sello en su serie 15 monedas logrando lo contemplativo de los orientales con un contenido cargado de los conflictos intelectuales  que tanto fascinaron a Borges. Alejandra Pizarnik, lo hace con muchos epigramas con  esos aires de existencialismos tan propios de ella; pero Vilma toma ese sello contemplativo para retratar ese limbo que existe entre el adiós y el olvido. 

Al inicio de la unidad, uno ve en Shinobu a un ser postrado que se ahoga en un vaso de agua, pero mientras uno viaja con él  hasta el final,  descubre que hay un océano contenido en ese vaso de agua.  Uno descubre- como quizás lo habría dicho Roberto Lainez- que existe la Tempestad en un vaso y que ahí es donde se ha sumergido Shinobu; que  Shinobu transita en ese limbo que existe entre el adiós y el olvido.

Ningún poema está por casualidad en Fijación de la costumbre, y en cada uno se siente que la autora conoce el peso exacto de cada palabra, ninguna sola está de más, ninguna está de relleno, ninguna sobra ni en ritmo ni en concepto.  Es el primer libro de Vilma Osorio, sin embargo no se trata de un libro de principiante.

3 comentarios:

Nancy dijo...

Bella reseña. Abrazos Santiago

Ricardo Hernández Pereira dijo...

Tendré que hacer una reseña también. El libro de Vilma lo amerita. Bien dicho, Santiago.

Santiago Vásquez dijo...

Nancy, Ricardo. Gracias por pasar por este blog fantasma. :)