viernes, octubre 24, 2008

OCTUBRE, LOS TRES DOMINGOS DE OCTUBRE.


Los últimos tres domingos han sido bastante, pero bastante variados, y es que cuando uno está más o menos ocupado, el domingo se vuelve ese día en que se puede salir de la monotonía, o simplemente un día en el que se tiene la oportunidad de hacer una ruptura que en relación al año es monótona, pero que cuando se valora según la semana, es toda una innovación, pues una rutina no tan frecuente suele ser más agradable que la rutina habitual. Por eso afirmo, que la monotonía a largo plazo es menos dañina que la monotonía inmediata, aunque al fin siempre es monotonía, pero con un ritmo que no resulta tan intolerable. Y los últimos tres, los últimos tres domingos, han sido variados.


Una muerte, y un desayuno.

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El domingo 19, desperté a la hora que el cura de la iglesia requiere se toquen las campanas. No tenía otra forma de despertar temprano, y después de 22 años de oír el llamado a los oficios religiosos, como que ya no dan ganas de ir a comulgar, y raras veces el sonido de las campanas puede interrumpir el descanso que durante los últimos 8 años tiene poco de haber empezado cuando suenan las campanas . Lo primero que hice -claro, antes de levantarme, permanecí un buen rato acostado y con los ojos abiertos-fue tender la ropa que puse en la lavadora durante la madrugada. Luego me duché, y después me vestí. Afortunadamente, tenía una camisa limpia, y un pantalón que aunque no; no parecía sucio. Salí de mi casa, y fui a esperar el bus urbano que me llevó hasta el lugar en el que esperé el bus que me llevó a San Salvador.

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Llegué a la capital, tomé un microbús, y me dejó una parada antes de la del Salvador del Mundo, pues el motorista no se detuvo en el lugar que yo necesitaba bajarme, no sé si por mi lentitud o por su afición a la velocidad inadecuada que combina con su profesión que realiza como todo un inexperto. En fin, eso ya no importa, pues aunque tuve que caminar más de lo que debía, logré llegar a mi primer destino del domingo, que dicho sea de paso, también se convirtió en el único.

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Entré al Centro Cultural de España, y me apresuré hacia la sala en la que siempre se realizan los desayunos. Saludé a algunas de las personas que conozco, luego fui por mi comida, me senté y cuando no había terminado lo que me sirvieron, empezó a hablar Susana Reyes, quien comentó la dinámica de Desayunando con Irma Lanzas, y en ese momento, experimenté la crisis existencial de ese día, pues habían platos con frutas sobre las mesas, y primeramente había que comerse las frutas, y yo no lo hice así, primero me comí lo que iba de segundo- lo que me sirvió el ¿mesero?-, y como de segundo comí lo que debía comer primero, decidí reiniciar el ciclo y fui a pedir más comida y así lo ordené todo, y finalicé el desayuno con un yogurt, creo que tal y como en ese día lo mandaba el protocolo.

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Un señor le preguntó a Irma Lanzas sobre un libro, le preguntó si lo había leído, ella le respondió que no, y el señor le dijo que es una lástima, pues la grandeza de ese libro sobrepasa la de Cien... Y también, una señora le preguntó si se había casado con Chávez Velasco. En fin, la mañana pasó, y cuando salimos del C.C.E. ya eran las 12:30, y Luis Hernández tenía treinta minutos para estar en Santa Ana, y yo decidí que ya no iría a Chalchuapa, pues mi corazón empezó a trabajar como empleado de gobierno, y decidí que lo mejor era irme para mi casa. Cuando salimos de Santa Tecla, Luis se quejó de lo lento que iba el bus, y de inmediato el motorista aceleró –aceleración instantánea- , y qué bueno que lo hizo, pues Luis debía llegar a su casa en los próximos treinta minutos.

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Cuando el bus iba por Los Chorros, a Luis le quedaban treinta minutos para estar en su casa. Me dormí, y como ocurre cuando eso ocurre, resulta que no se está seguro del momento en que ocurre, y tampoco es posible estar cien por ciento seguro del momento en que ocurre que se despierta, pero de cuando desperté, si tengo un recuerdo muy claro y preciso: Luis disponía de treinta minutos para llegar a su casa, y el autobús pasaba por El Congo. Lo mejor, es que para este momento me sentía bien, pero no se me quitaron las ganas de irme para mi casa, pues me convencí de que lo mejor era descansar luego de caminar un par de kilómetros, es decir caminar desde la parada del bus interdepartamental hasta mi casa.

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Llegamos a Santa Ana, y con Mario Zetino pasamos al centro comercial, pues se me ocurrió que a lo mejor estaba Tiempos de locura en librería La Ceiba, y sí, ya estaba; lo malo, fue que me faltaban alrededor de dos dólares para comprar, pero ocurre que se me presentó la idea de pedirle una donación a Mario Zetino, una donación de dos dólares, y entonces pude comprar Tiempos de locura. No le pedí la mitad de la donación a Luis y la otra mitad a Mario, pues Luis no nos acompañó al centro comercial, y lo justo hubiese sido que cada uno me donara la mitad de lo que aproximadamente me hacía falta, pero no, no pudo ser así, a pesar de que hubiese sido lo más justo, pero ni modo, no todos andamos siempre con el mismo tiempo disponible, pues a Luis sólo le quedaban treinta minutos para llegar a su hogar. Luego me fui caminando desde el centro comercial hasta mi casa, y en el cetro me detuve a hablar con un conocido que desde hace varios días deseaba ver, y le pregunté por la niña Rosita, y me confirmó lo que yo había sospechado durante la semana de ese domingo-19-, y lo que también había sospechado desde tres días antes del domingo anterior, ella, la niña Rosita ya está muerta. También descubrí que ellos dos son hermanos, nuca lo sospeché. Pues ella tan de derecha, tan conservadora, tan con Ávila, y él tan de izquierda, tan conservador, tan con Funes; pero ambos al fin, comerciantes, él de artesanías y de semi artesanías y de productos piratas, y ella, de comida. En fin, la niña Rosita ya no está, y fue bueno conocerla. Por la noche, mi hermano (Oscar) llegó a mi casa, fumamos un par de cigarros, hablamos varias cosas y luego se fue. Ya después, fumé más, luego me lavé los dientes, agarré un rato la guitarra, y después recé para que Luis Hernández siguiese teniendo treinta minutos para llegar.



Un día para descansar
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El domingo 12, descansé, pues no había podido dormir de manera regular desde el miércoles 8. Ya que el jueves por la noche, me enteré eso de las 11:00 P.M de la proclamación de Zabla como candidato a la vicepresidencia por el partido ARENA, vi la repetición de todo el noticiero por el que me enteré de la noticia, luego revisé la encuesta de la UCA, y después leí un par de cuentos, y me dieron como las cuatro de la mañana, pues también se me ocurrió pasarle al antivirus a la máquina mientras yo aprovechaba a hacer el par de lecturas. Y antes de las seis una amiga me marcó, pues yo se lo pedí, ya que no pretendía llegar tarde al lugar que tuve que ir ese día, y ella muy amable, me marcó a la hora que se lo pedí.

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El viernes ocupé la noche para hablar, beber (pisco peruano, vino tinto, ron plata) y disfrutar con poetas de varios países, eso sí, sólo probé una pequeña muestra de cada una de las bebidas que habían disponibles, y el sábado, la madrugada del sábado me dormí como no sé cuantos minutos mientras estaba en la sala de la casa de unos amigos, pero sólo dormí un rato, cinco, quince, cuarenta y cinco minutos no sé cuantos fueron, pero pareció una eternidad. Y como a eso de las cuatro de la mañana me dormí en la habitación que mis amigos siempre saben preparar para que los invitados y auto invitados duerman. Salí a las seis de la mañana, y me trasladé desde Los Planes de Renderos hasta Santa Ana, en el autobús que abordé en la Terminal de Occidente me encontró un amigo, y le di una de las antologías conmemorativas que sacan para los Festivales de Poesía, pues curiosamente busqué una copia para él, sin tener la certeza de si se lo daría pronto o quizás se lo daría nunca, pues ya no somos vecino, y afortunadamente lo encontré. Llegué a mi casa poco antes de la nueve de la mañana, y me alisté para ir a la Universidad, pues tenía una tarea pendiente que debía presentar- y presenté-con un compañero que por suerte es muy inteligente, y creativo y a la vez práctico, y lamentablemente- únicamente para esa ocasión- puntual, pues yo llegué a la Universidad poco antes de las 10:00 A.M., cuando habíamos pactado reunirnos una hora antes. Lo primero que me dijo fue: “me imaginé que pensaste que a la diez era que quedamos”. También me pregunto cómo me había ido con mi participación en el Festival de Poesía, pues fue de las tres personas de mi grupo que se dieron cuenta de que participaría porque yo se los dije, y por otros medios, creo que sólo una licenciada se enteró

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La noche del sábado, me fui para un concierto de Rockstalgia .Hubo vino, tartaletas, una licenciada de la UNICO- o cómo se llame hoy- un par de licenciados de la UES, y a eso de las nueve me percaté de que unos amigos(William y Vladimir) estaban encargados del equipo de la banda, me preguntaron si me iría con ellos, y como ni modo, ni taxi, ni carro, me fui con ellos, luego de ver el último set de canciones que interpretaron los de Rockstalgia, luego de que guardaran el equipo, luego de que les dieran sus respectivos refrigerios, luego de que ya faltara como una hora para que no fuese sábado. Como a la una de la mañana, estábamos con William y Vladimir en el centro de Santa Ana comentando el concierto y contando chistes, ya a eso de las dos, nos despedimos, y llegué a mi casa sólo a dormir, pero no sin antes pasar por la ducha. El domingo por la mañana dormí y dormí y dormí, fui a comer lasaña a eso del mediodía, y por la tarde dormí y dormí y dormí, salí a cenar, y durante la noche, ya no dormí.


Y otra vez; me asaltaron otra vez.

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El domingo 5, desayuné en un lugar en el que a eso de las 6:40 A.M. tenían carne, pollo y cosas así, que para mí son las cosas que sé que habitualmente a la gente le gusta comer quizás al mediodía lo a lo mejor en la cena. Antes de las 8:00 A.M. me bajé del bus que abordé hacia Chalchuapa. Un hijo de puta en bicicleta se me puso en frente e intentó hablarme, lo ignoré, pero subió el tono de su voz y me mostró entre su ropa algo que parecía una pistola justo cuando me decía que la razón por la que le debía dar mi teléfono es simplemente porque ellos controlan, nuevamente no intenté averiguar si se trataba en verdad de una pistola o si estaba frente a alguien con humor como idearon el modo de operar de los asaltante característicos de los Picapiedras. Le di el puto teléfono al hijo de puta de la bicicleta, y sí nuevamente soy un hijo de puta sin teléfono, ni modo. Creo que ya no compraré otro, o quizás al rato lo compre. Estadísticamente tengo comprobado, que de los teléfonos celulares que llegan a mis manos, pierdo un 50 % y el otro 50% me lo roban, y es casi evento seguro que lo que ocurra con mi teléfono siempre estará relacionado con el transporte público, pues éste o el ambiente en torno a éste son los lugares propicios para que me asalten , y sí, a este primer término hay que sumarle la situación económica del país, y finalmente, se le debe agregar a la operación anterior el factor principal: mi cara de pendejo, que seguramente aparece en las enciclopedias y compendios que nutren a los asaltantes en un apartado titulado Víctima Fácil , pero ni modo, mi blog ya registra tres asaltos, y me siento feliz que así sea, pues sería peor que después de un asalto ya no pudiese postear otra vez.

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P.D.

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Aquí están los links para obtener mayor información sobre los asaltos anteriores:

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4 comentarios:

Ricardo dijo...

-Disculpá ¿qué hora es?
-La séis cincuenta.
-Ah, chivo- vuelve a ver a ambos lados. Continúa.
-Dame el celular.
-¿Qué?
-Que me des el celular.
(Pistola estilo Picapiedras)
Se lo entrego. El tipo exmanina detenidamente el nokia c115, pelado y sin teclas legibles. Literalmente lo huele. Pone cara de idiota. Luego me lo da.
-No, gracias-ríe-, mejor quedátelo, estaba jugando.
Moraleja: Mi buen Santiago, ¿existe algo peor que ser mal asalto? El principal hobbie del salvadoreño es ese: asaltar. Sentite feliz de ser parte de la cadena alimenticia, o, definitivamente, comprate otra clase de celular, te sentirás burlado, eso sí, despreciado, humillado, pero no todos tenemos la fortuna de tener cabellera de nerd, porque eso sí, debió tratarse de tu cabellera.
Por lo demás... qué rayos, mejor platicamos el día del aniversario.

Aniuxa dijo...

Me gusta este post.

Pero no me gusta que te asalten.

Pero me gusta leer tu post sobre asaltos.

La vida es una encrucijada.

Espero que Luis tenga 30 minutos para llegar.

Santiago Vásquez dijo...

Ricardo,por la moraleja de tu comentario, seguramente los personajes son entonces... ¡parte del elenco de una obra de teatro popular! O no sé, pero lo cierto es que mi próximo post- sobre el robo de otro celular- si es que puedo escribirlo, se llamará:

“¿cuántas veces será necesario apalear a un burro para que este comprenda que el sol siempre sale por el oriente?”.

Y créeme, no ocupo celulares muy caros, de hecho, el anterior- que no sé si perdí ó me lo ganaron- costaba como 10 dólares, y por no estar seguro del cómo desapareció mejor no escribí algún post. Pero ni modo, saludos y abrazos. Ah!, no permitas que pase demasiado tiempo sin que pueda conocer a Ricardo Gabriel y a María José. Saludos. Te confieso que tuve que copiar y pegar sus nombres de tu post, pero si te advierto en relación al tiempo, lo hago por aprecio. Saludos y abrazos nuevamente.

Ana! que emoción por tenerte aquí. Saludos, y que todo te salga bien. Por cierto Luis me dijo que saldrías en un programa de TV.No me he perdido ningún capítulo, y sin embargo no te he visto. Saludos y abrazos.

Luis Hernández dijo...

Ese domingo por un momento me sentí como la liebre en Alicia...

A mi también me quisieron robar el celular la semana pasada, saqué mi carnet de la Turba Roja y asunto arreglado, el ladrón me pidió perdón y me dijo que me fuera tranquilo, se portó bien buena onda, hoy en la noche me lo volví a encontrar y el muy ladrón no me saludó... que mal educada es la gente hoy en día!!!

Sabes, creo que todavía tengo media hora para escibir esta respuesta, pero mejor termino...